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Sep 09no trabajarás
cesante por decreto
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Condenado socialmente por el delito de engaño a un país completo, apuntado con el dedo por generaciones permeables a la opinión de un periodismo de volteretas. El lugar común que recorre la opinión pública para referirse al mejor arquero chileno de todos los tiempos es el descrédito de sus logros. Descrédito y olvido: El Cóndor Rojas no existe. De un momento a otro, al tipo se le usurpó su pasado, ya nadie lo volvería a recordar. Ni hablar de valorar su talento, esas cualidades inigualables que transpiraban seguridad a sus compañeros en la cancha, confianza al hincha en el estadio e ilusión a los señores televisores en sus casas.
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Con un alzheimer de estas magnitudes, es difícil esperar un futuro más esplendoroso que nuestra realidad actual. Basta recordar que, una vez desaparecido el Cóndor de nuestro mapa futbolero, hemos sufrido durante años con arqueros de manos enmantequilladas que nunca desequilibraron un resultado a nuestro favor. Y no podía ser de otra forma: Sin referentes para las nuevas generaciones, sin ídolos para los pequeños que se forman, poco incentivo tienen los deportistas en formación para recorrer un camino que nadie les alumbra. Seguramente habrá muy buenos delanteros que siguieron el ejemplo de Salas (Alexis Sánchez uno de ellos), o aparecerán excelentes tenistas luego que el Chino Ríos o Massú & Gonzalez consiguieron sus mayores logros en la alta competencia.
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Para consuelo de Rojas, el pago de Chile llega sí o sí, importa poco si tu aporte es ejemplar o es malo como el natre: El olvido viene, raudo. O que lo niegue Chamaco Valdés.
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